1 de junio de 2014

Tal vez. También

He sentido el bullicio del caos en cada poro y lo he hecho mío. También

Me comí sin darme cuenta los placeres de la vida en un suspiro, y cuando volví a mirarme las manos se habían multiplicado. Ya no encuentro palabras más que los días de resaca. Lo poco que queda de lo que era supongo que renace en esas noches, y en él es donde queda la tristeza, el arte. Suerte que siempre quedan rincones de paz en cualquier colmena, por caótica que sea. Empiezo a controlar las erupciones que provoca el afán de competitividad que imponéis en cada gesto. Las controlo y las convierto en luz que os envío desde el silencio. No me canso de explicar la importancia del 4, quien debe ejercer el equilibrio. El sentido de dejar la mente para almacenar y rendirnos a los sentimientos y la intuición. Y el placer de contarlo fluyendo, evadiéndonos, creando burbujas perfumadas de momento entre celebraciones. Mis vuelos empiezan a tomar alturas capaces de cuestionar leyes que hablan de gravedad y que crearían crisis en cualquier mente autoportante. Que harían despertar a la mente del escepticismo más arraigado. Sembrar el camino, invasiones de quien quiere abrir los ojos, semillas en cualquier intercambio, rostros, rastros. Restos.
Derechos de palabra más que de imagen, derecho de hacer con ellas lo que nos dé la puta gana. La obligación de escuchar antes de pedir, la certeza de un silencio en cada paso, el anhelo en cada peldaño de una montaña hecha infinito. La distancia siempre presente y ahora escenificada, la ausencia que nunca deja de hablar de frío por más que parezcan soles. El temazcal de su entrepierna como único espacio de purificación. La limpieza de su fuego en las entrañas y las ganas de seguir aunque duela por no dejar de inhalar el vapor que emana de su pecho, el perfume de su espalda dormida, silencios. Y distancias de nuevo.
La fecha de la incerteza es lo anecdótico de mi relatividad del tiempo y mis trapicheos con el infinito. Yo sigo aquí en la eternidad de cada instante, sin pensar que llegará el fin del mundo, porque no entendemos de final cuando vibramos a estas alturas, simplemente cambios. También tengo miedo a las despedidas, pero porque no quieras quedarte una noche más, y no porque tal vez no volvamos jamás. A vernos.

Vente ahora y después ya lloraremos. Y de alegría. También




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