Déjame un pie y te devolveré al mundo. Que tocarte va a ser lo más parecido a vivir que haga hoy cuando ya no me quedan cartas que quemar ni copas que escurrir. Vivo en otra dimensión las noches que me ahogo entre el hielo y en los vasos también. Odio la ignorancia y por eso supongo que me duele miraros. Lo sé, he traspasado líneas de polvo y me invade el barro los domingos. Pero es que siempre ha sido más bonito perderme que soñar, por las noches, porque ya no sé más que hablar de pesadillas y de lo que me pesa no asumir el drama que hago de mi vida. Soy incapaz de ver luz sin pensar en su sombra, cuando me da por ver algo. Que mis ojos viven repletos de legañas de cerrarse cada vez más fuerte, de llorar lo que vosotros intentáis ver con los ojos sin saber que ya no nos sirven de nada. He tachado la vista del diccionario porque me suicidé con el tacto de tus parpados húmedos apuntando a la nada y sosteniéndolo todo. Porque no necesitaste mirar para crear un mundo, porque lo estabas moviendo todo y necesitabas desprenderte del sentido que más nos aprisiona, aunque esta vez no hable del poco que tiene vivir. Aunque esta vez lo intente todo por no resucitar una vez más. Aunque esta vez (des)prenda las ganas por arder de alguna manera aunque sea al revés. Los días son de todo lo que no haría nunca, que no se le puede llamar rutina a suicidarse día tras día. Ni andar tras algo que no es nada habiéndolo sido todo, absolutamente todo, hasta doler por haber sido capaz de vivir sin ni si quiera soñarlo puede ser el motivo de mis duricias en el corazón. Al contrario, tiene la culpa de que la vea en cada rincón y en cada gesto, que me la encuentre aunque con otro nombre y mismos apellidos, que le suplique que me mire aunque sus ojos me atraviesen porque no necesitó girarse ni ser ella esta vez, que su espalda me dibujó la sonrisa de quien se sabe ganador aunque pierda un amor. Porque sabe que no pierde nada, que hay quien siempre sigue enamorado aunque se pinte encima un deseo y pretenda convencerse de que las humedades se secan corriéndose sin darse cuenta de la insensatez.
Que he sido de todo menos yo últimamente y renacer me queda muy lejos de las manos en días como hoy, o como todos.
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