23 de febrero de 2014

Sé que esconderme nunca será la solución, menos cuando no quiera que me encuentren, que pasa con frecuencia. Pero las desgracias son más omnipresentes, omnipotentes y reales que cualquier Dios. No sería justo que hablara de las mías porque se me hayan juntado las de los últimos ocho meses en los últimos días, al fin y al cabo ver a la alegría de esos ocho meses más de la cuenta tampoco entraba en mis planes, a estas alturas.
Quiero hablar del karma y no sé cómo hacerlo de lo mucho que habéis ninguneado la palabra. Que el karma es algo fuera del alcance de vuestras manos y de vuestras mentes. Es algo intangible e imperceptible en una sola vida. Os queda tan lejos como entender que un aborto natural no siempre es fruto de un problema físico. No os imagináis lo claro que lo vi todo el día que lo entendí. Todo encajó, y empecé a querer mucho mucho más. ¿Quién va a querer llegar a dónde se esfumó el amor?
Alguien capaz de valorarlo más que nadie, de encontrarlo en lo imperceptible, de sentirlo por encima de los sentidos, de provocarlo con un suspiro. Y una alma así no se deja caer a la primera.
Que venimos para equilibrar vidas pasadas, se nos escapa de las manos
Que tenemos una función en esta, es evidente;
encontrar la función, un logro
y cumplirla, lo único que nos pide el karma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario