14 de enero de 2014

Astrólogo desorbitado

Pinté de relojes
la pared contigua de mi corazón
la moldeé con agujas
le tatué esferas con números astrales
le hice dar vueltas por dejar las agujas en su sitio
y lo vi sangrar

lo veo sangrar


Seguí exprimiendo sin temor
hasta que vi que todo era una cuenta atrás
vi que yo mismo fabriqué
una bomba de relojería
Y ahora veo el final de un algo
un algo sin nombre ni sentido
un sinsentido pletórico
un vacío hermoso
de los que provoca la mejor arquitectura

He olvidado dónde guardé
los prismáticos de la esperanza
no recuerdo como atarme estos cordones
que no auguran más que tropiezos
Siento suspiros constantes en la nuca
como de alguna risa maligna
como de un orgasmo fingido
como de un aliento perdido

Supongo que será cosa de verte en la cima
y creer que cualquier paso es precipicio
De pintártelo todo de niebla
y no querer ver más picos
en los que dejarte las uñas

Algo parecido a conocer a quien te acerca la Luna
aunque no te la deje tocar
y tú sigas pensando
que lo más bonito de ella
está en la otra cara,
la que nunca se ve
Y no entender que tal vez exista
quien sepa llegar a un cálido Mercurio
o quien sepa tocar el Sol sin arder
Pero qué sabré yo de astros
si mi órbita es lo más parecido a un espiral
sin más remedio que la implosión
y siempre he acabado
convirtiendo en meteoritos
todos mis satélites.



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