17 de mayo de 2014

Equilibrios

Hay quien habla de dejar no sé qué carrera, y no sé vosotros pero yo no me he permitido nunca el lujo de correr por eso de no perderme algo de lo que me rodeaba. Así que sigo caminando, como siempre, sin parar. Sigo hacia adelante con más ganas y menos dudas que nunca. Sigo haciendo camino, que es lo que cuenta, contó alguien que algo sabía de la vida. Un camino con menos cemento y más tierra, con más sentido y menos papeles, más yo en definitiva. Supongo que algo habré dejado, cuatro paredes y demasiadas recetas, demasiadas normas que se las creen más los millones de personas que las persiguen sin pensar, que los cuatro que las crearon. Y existen sitios donde las leyes son las que rige el espíritu, las que mandan dentro de nosotros aunque no todos podamos verlas. Hay sitios donde la palabra vida es bendición y se actúa en consecuencia. Sé que el infinito existe por la profundidad de las miradas, me han abrazado desde dentro y hasta a dentro (de verdad), he visto lo insignificante de un pasado cuando se vive el presente y el cambio en el alma en pleno proceso, puedo ver el amor en el aire y en cada esfuerzo compartido. Y por todo esto y todas esas cosas inexplicables os puedo contar que sí, que existe. Que se puede de otra manera, mejor y desde la alegría del amor, y está en nuestras manos, mirarlas y creed en ellas tanto como en nuestros corazones.

También hay espejos que fueron creados para alargar la agonía y hablan de ascensores. Hay lunas con más luz que cualquier sol pero dejándose mirar, reflejándose en el mar y dejándose querer. Hay puertas a mundos astrales en las grietas de puntas transparentes y amatistas geodésicas que nos ayudan a encontrarnos. Hay manos sin aliento después de tanto suplicar clemencia y palpar conciencias. Hay tantas cosas y yo ya sólo las veo con los ojos cerrados. Y no por estar cegado, ni mucho menos. Pero los estímulos se han hecho invisibles sobre el plano físico en su afán por elevarnos a la inmensidad de lo incondicional. Los miedos son aves de paso que sólo se acuerdan de emigrar y yo los veo pasar con los ojos humedecidos de sentir la vida en cada poro. Por eso me revuelco entre palas y arena para no olvidar nuestro inicio y nuestra fuente de vitalidad, para compensar la levitación que provoca esta proximidad a lo espiritual. Para seguir trabajando en esta escalada que ya muestra los primeros valles en los que gozar de un descanso y no pensar en seguir caminando aunque los pasos sean más certeros que nunca. Por seguir en la búsqueda de este I Ching descompuesto, representando el punto medio de dos mundos, el equilibrio entre dos realidades. Mi equilibrio como imputado por romperos, una y otra vez, cualquier esquema.

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