He acampado entre sábanas humeantes de lepra y faltas de letras con sentido. Me he arrastrado por los portales de la curiosidad, robando la caridad que se olvidó de salir de los bolsillos. Y así subí a montañas sin precipicios, como follar y no cerrar los ojos o tener que cerrarlos por cambiarle el rostro. Entoné mi propio réquiem para evitaros dar el cante, para evitar que sus párpados me canten, que me encanten es lo que no se puede evitar. Soy la parte de atrás de cualquier cartel a una cara y la mía está hecha un cromo y también le ha dado por ponerse al revés.
Ya no ando porque las suelas me huelen a huella y dudo de si me acuerdo de dejar marca en algo, en alguien, y quien anda pisando mis noches no tiene prisa por irse, ni por besarme. Prefiero quedarme quieto lejos de todo, que es como está el mundo siempre que me doy cuenta de que respiro. Preferiría no quedarme, pero pintarme una sonrisa de vez en cuando es lo mínimo que puedo hacer por los que se sacrificaron por mí, los únicos que saben quién soy. Que vengo de ellos y sus desdichas, de sus logros y sus fracasos, nací en sus glorias y me crezco en sus penas. Lástima que siempre me crezca para dentro, que siempre fui más de poner el hombro que de dar abrazos, de compartir silencios que de recordar desgracias, de estar sin ser y evitar las dependencias. Todo por esperar que me vean tarde y sólo llegue a tiempo quien valga la pena.
Ya no ando porque las suelas me huelen a huella y dudo de si me acuerdo de dejar marca en algo, en alguien, y quien anda pisando mis noches no tiene prisa por irse, ni por besarme. Prefiero quedarme quieto lejos de todo, que es como está el mundo siempre que me doy cuenta de que respiro. Preferiría no quedarme, pero pintarme una sonrisa de vez en cuando es lo mínimo que puedo hacer por los que se sacrificaron por mí, los únicos que saben quién soy. Que vengo de ellos y sus desdichas, de sus logros y sus fracasos, nací en sus glorias y me crezco en sus penas. Lástima que siempre me crezca para dentro, que siempre fui más de poner el hombro que de dar abrazos, de compartir silencios que de recordar desgracias, de estar sin ser y evitar las dependencias. Todo por esperar que me vean tarde y sólo llegue a tiempo quien valga la pena.
Entiendo tu rostro enturbiado y tus ojos rojos, incluso eso similar a un marca que arrastras por dentro, pero las luchas son cosa de hombres, y yo soy alma y este puto cuerpo me la suda. Así que destrózalo y quédatelo, lo que es realmente mío nunca nadie podrá robármelo. Soy lo que tú nunca podrás ver, que he venido para ver en vida lo que muchos veréis muertos. Ya ni los años son motivo suficiente para tapar las cicatrices de un polvo trasnochado que removió cimientos. Ya nada tiene sentido si no es para dentro y para con uno mismo y su mundo paralelo. No seré mártir porque nunca llegué a vivir en esta puta mierda.
Enciendo las velas de la oscuridad, para atraer las sombras que me envías. Apago el incienso de la verdad que tanto asusta. Me he despertado desnudo, una vez más te has dignado a aparecer o me he visto con el coraje de traerte. Dignidad y coraje, no pido más. Mis sueños los atrapa el círculo que preside mi tumba, así que me analizo las mañanas por ver si alguno bueno se equivocó y me alegró la noche. Te espero en el centro de la elipse, entre los focos de lo eterno, entre puro movimiento que no soy capaz de asimilar sin tus ojos morados marcando el tempo. El cielo se ha pintado malva y esta vez no han sido los sueños, ha sido tu silueta en mi playa más virgen lo que ha dado un vuelco al universo.
Que la luz no nos deslumbre el camino, que las sombras no nos cieguen más que las dudas, que los colores sean el motivo de nuestras mañanas y la melancolía de nuestras noches, que la Luna no nos eclipse al Sol, que la nostalgia sea el preámbulo de cada beso. Que el mundo se rinda al amor incondicional y lo conozcan cuando empiecen a envidiarnos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario