3 de marzo de 2014

De camino por la muerte me acordé de vuestras caras

Llegué a una estación sin bancos, de pocas vías pero en constante movimiento. Me senté a la altura del suelo y mientras veía pies y más pies pasar por delante me dio por pensar en el parecido de mi vida y la estación. En como no he sido capaz de dejar que nadie se acomodara cuando ha querido hacer parada en mí. En como las despedidas se acaban convirtiendo en ley de vida hasta hacernos adictos a ellas, a su dolor. La practico de no mirar mientras el tren se va para evitar lo de las vías. Como aquello de no verte capaz de cerrar los ojos al llorar, porque si te miras dentro sólo ves tristeza. Lo incapaces que somos de esperar el tren quietos una vez lo vemos llegar. Las ansias nos corroen y caminamos a su lado, no sea que se olvide de parar. Y las esperas siempre de rodillas. 

Llegué al tren y me senté mirando al culo del vagón para ver la cara de velocidad de los que me miraban. Eran caras perdidas y desoladas. Como todo lo que me encontraba últimamente. Tal vez era simplemente lo que veía o quería ver, o lo que me dejaban ver mis ojos empañados por tus gafas de sinvivir que te dejaste en la mesita de noche y no pude evitar quitarte, como la ropa cada vez que nos veíamos. Pero yo seguí observando aquello que pasaba a mi alrededor, desgranando cada palabra por impertinente que fuera. Que sólo una mente egocentrista acaba siendo capaz de tener una conversación en un tren en la cual parece que hable con el culo que estoy mirando en vez de por un aparato electrónico.

Me gustan los trenes porque en ellos me siento de manera inversa a lo que siento en la vida. Te sientas en ellos, para no ser capaz de controlar tus movimientos y desplazarte a una velocidad agotadora, mientras todo se queda quieto. Y yo vivo sin ser capaz a subirme a eso que llaman vida. Me miro y me veo como esa pluma que va cayendo de lado a lado sin saber donde ir a parar, porque sabe que caiga donde caiga la acabarán pisando sin tan si quiera verla. Sin preocuparse mínimamente por aquello que aflora en su interior y de lo cual nadie es incapaz de ver, de sentir o percibir. 

Me he pasado la vida caminando entre dos orillas que hablan de lo orgullosas que están de mí, sin ser capaces de dejar de hacerme perder las ganas de ver más sentido a la muerte que a seguir trabajando en vida. Que no sé en qué momento dejará de tener sentido que siga en este mundo sufriendo pérdidas y alienaciones constantes y restantes. Deprimentes para otros, reconfortantes para mí y para mi ego. Para ver que acabáis siendo un pasatiempo, o un pierdetiempo en algunos casos. Para sentir que mis percepciones no encontrarán lugar en vuestras mentes y por eso optaré por irme pronto a vivir con los que andan cercanos a la belleza platónica. Que solamente ellos le saben dar sentido a lo que vosotros llamáis muerte y yo llevo una muerte preparándolo, porque sé que entonces empezará mi vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario