15 de julio de 2014

De como lamerse una implosión



Por Mardetutis


Salir corriendo puede tener sentido mientras seas capaz de mirar al suelo para no tropezar. Mirar a los ojos puede ser precioso si somos capaces de aguantar sin limpiarnos las lágrimas de cualquier emoción. Si somos capaces de dejarnos ver por dentro, la vida puede ser de verdad. Existe, la vi cuando me despisté y me olvidé de mirar. Igual que me he visto entre tantas piernas como pozos en las noches que más vivo. Y sigo rezándole, también en esas noches, a todo esto que llevo dentro y no acaba de explotar. Veneré a la implosión como un logro y ahora me desvivo por unir todos los pedazos que ya no tienen de tu flujo como pegamento. Ni de tu risa como analgésico. Ni de nada. Pero más vale hablar de mí sin ti si queremos acabar la noche con valor de mirar las estrellas. Que siempre me da por ladrar a las mismas putas. Lunas. Y de aullar también me acuerdo. Señales con destellos de causa una vez lo entendemos, una vez ligamos más que hechos. Vernos sin palabras entre astrales como muestra de nada para quien sólo tiene ojos. La siguiente noche el delirio de un encuentro tan profundo y agradable como ya no recordaba. Tan fugaz como fogoso y a la mierda con la distancia si nos podemos follar en el cielo. Las 'palabras' de una canción capaz de reavivar todo aquello que pronto será la ceniza que se posará para una nueva combustión y hablar de montañas de complicidad. Y la verdad de una rosa que os juro nos vimos en otra vida porque sino me faltan explicaciones para su saber estar a todas horas en cualquier lugar para cumplir. Su rostro tan lejos y sus susurros de alegría tan certeros como cercanos. No pretendo más que no perderme otra vez pretendiendo buscarme donde sé que ya no existo. Porque ahora lo sé. Los pasos son tan definidos como precisos, ahora que la consciencia toma forma. Viajar desde la almohada a cualquier abrazo. Abrid los corazones que hoy vuelvo, que también se echan de menos las mentiras, porque sé que ya nada sigue igual. Nada debería seguir igual porque todo lo siento mejor. Más dentro y menos mío. Desde la libertad de crecer sin poseer más que una llama de presencia preparada para extasiarse con cualquier soplo de aire fresco que venga a deshacerse entre mordiscos de la realidad menos palpable. Pero me callo, que es como mejor se me da gritar. Y me duermo, que es como mejor se me da volar.

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