Podría hablar de llegar tarde o de andar a deshoras.
Podría hablar de cómo la Luna ha desaparecido una vez más.
De idas y venidas, de vaynovienes al fin y al cabo.
De incoherencias que provocan adicciones.
De lo cachondo que puede llegar a poner un delirio,
supongo que de grandeza porque la cosa iba de crecer.
Podría hablar de hablar sin palabras
y de lo guapos que estaríamos a veces practicándolo.
De los despertares con sobras de sobradas.
Del niño que nunca más encontró el juguete preferido,
pero al menos él lo llegó a conocer.
Que os podría explicar cómo el ciego y su extremidad blanca llegaron a coronar cimas,
y no hablo de metáforas
hablo de no perderse entre montañas
y eso sí que es coraje.
Incluso cómo la naranja se convirtió en manzana
y una vez más todo a medias y no por compartir.
Que al final vinos quedaron en vinagres.
Y a gusto de nuevo en setiembre,
que sí el verano es muy bonito pero como cualquier utopía.
Y a gusto de nuevo en setiembre,
que sí el verano es muy bonito pero como cualquier utopía.
Algún día os explicaré
cómo se niega lo evidente,
cómo se aleja uno del deseo y desea no desear,
cómo se puede llegar a dar la espalda a un cielo repleto de estrellas con su luna,
cómo evitamos el amor.
Pero digo os contaré porque de momento solo lo observo,
no he sido capaz de aprenderlo.
cómo se niega lo evidente,
cómo se aleja uno del deseo y desea no desear,
cómo se puede llegar a dar la espalda a un cielo repleto de estrellas con su luna,
cómo evitamos el amor.
Pero digo os contaré porque de momento solo lo observo,
no he sido capaz de aprenderlo.
Ya os advertí de que el cielo me lo dejarais gris,
que cada uno en su hábitat y yo en mi paranoia.
De las ansias de vivir de leones, tigres, guepardos,
pero no gatas;
de lobos, de osos, de cebras e incluso hienas,
pero no perras.
Y la única verdad que os diría es lo mucho que admiro a las ratas de cloaca por no sucumbir a ser domesticadas a nuestra enferma sociedad, a nuestros putrefactos encantos.
¡Qué los sucios, somos nosotros señores!
que cada uno en su hábitat y yo en mi paranoia.
De las ansias de vivir de leones, tigres, guepardos,
pero no gatas;
de lobos, de osos, de cebras e incluso hienas,
pero no perras.
Y la única verdad que os diría es lo mucho que admiro a las ratas de cloaca por no sucumbir a ser domesticadas a nuestra enferma sociedad, a nuestros putrefactos encantos.
¡Qué los sucios, somos nosotros señores!

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