18 de noviembre de 2013

Júbilo meteorológico

Por fin he aprendido a controlar el tiempo. No hablo de los minutos y segundos que manejas a tu antojo. Hablo de esta lluvia que os azota. Que son lágrimas de júbilo señores, así entiendo yo la felicidad, este 'amar la vida' y 'poner la inteligencia a disposición del amor', porque 'quien ama no necesita leyes'.
No pienso pedir perdón, os jodéis los que no sabéis apreciar la belleza de una gota, de una lágrima, resbalando por esa preciosa mejilla aparentemente fina e intacta, pero curtida de frotarse las ojeras cada vez que toca aparentar. Ahora que me toca partir he decidido que cese por un instante la tormenta. Porque no nos engañemos, no somos pájaros y esta ave de metal no sabe de apreciar el agua, de sentirla.
Me voy por poco, por un poco, para un poco de paz y no añoranza. Para reafirmar que la distancia (queda claro que nada es relativo) no depende de metros cuando hablamos de energías y del absoluto que sería no perder, esta vez. Me voy allí donde la luz escasea, a destellarlos. Que ellos apreciarán el sol como vosotros despreciáis la tormenta. Me voy pero tal vez no del todo, tal vez esa parte de mí ya no volverá a ser mía. Yo no entiendo de posesiones pero sé que se fue, se la llevaron y la mecen, de momento. Tal vez la destrocen, pero es que es ley de vida y si las posesiones me pierden, los rencores me aburren.

Llegar allí donde te esperan siempre tiene algo de agradable por leve que sea el vínculo. Y es que cuando ves la bondad en alguien que más dan protocolos sociales y prejuicios insostenibles. De como la manera de hablar una misma lengua te condiciona la forma de pensar. De como el clima, el paisaje y el entorno te hacen sentir con más o menos intensidad. De como cuando, quieras o no, te anclas a alguien nunca puedes irte del todo por más lejos que estés. De lo inevitable de reiterarse, de repetirse, de aburrir siempre con lo mismo pero hablando de cosas diferentes aunque lo ignoréis. Que solo busco desprenderme de palabras que yo no me creo ni mías. Que si te has sentido vivo que más da lo que venga y lo que has perdido.
No hay más que agradecer a la tormenta que se clave bien adentro que nos envuelva y nos ahogue a oleajes. Así es como se produce el cambio, cuando entiendes que no tienes que buscar el rayo de sol, que toca armarte de coraje para zambullirte y dejarte llevar por corrientes y energías que muy pocos conocerán. Que no se puede vivir pendiente de como se comporten cuatro nubes cuando solo entendemos de astros.








2 comentarios:

  1. No hay más que agradecer a la tormenta que se clavé bien adentro...

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  2. A Veces necesitamos tormenta para que alimente esos árboles que sin ella no podrían vivir, otras veces necesitamos el sol que puede matar a ese árbol pero sin el que tampoco podría vivir. Desear lo que uno quiere con el fin de no cumplir lo que desea el otro.

    Dosis de inspiración :)


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