Dudo de la inmensidad del porvenir
Dudo de los pasos a ciegas
por este bosque
que ya no sé si oasis
o ciénaga
Dudo hasta del amor que me inunda,
cuando el sufrimiento reaviva
Porque no siempre es paz
este rostro amable
no siempre encuentro motivos
para esta sonrisa incesante
ni voluntad para la inocencia
Y es que si los pasos son tan grandes
como los vientos claman
desabrochen cinturones
e izen alas
para alzar las almas
ante una voluntad
La única existente,
con la que me encuentro cuando escribo,
con las que mis dudas silencio.
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