Me pregunto cuántos profetas
tendremos retenidos en los manicomios
siendo castrados con las pastillas
de la infelicidad
y anestesiados a base de sucedáneos
Cuántos cielos se habrán creado
entre paredes blancas y acolchadas
Cuántas camisas de fuerza
intentando atar alas doradas
Cuántas revoluciones nos habremos perdido
en nombre de una salud mental
que es de todo menos sana
por romper con la espiritualidad
por desarraigarse de uno mismo
hasta el extremo
de no tener a lo que aferrarse
más que al qué dirán
Cuánta culpabilidad
les habremos impuesto
por culpa
de nuestra incomprensión
de nuestra inutilidad
Cuántas etiquetas nos ha hecho crear
el no entender su felicidad
Cuántos faros apagados
por no querer abrir los ojos
Qué lejos andamos
de la pureza que contienen
y les hemos hecho erradicarla
en vez de intentar acercarnos a ellos
aprender
dejar que nos iluminen
y avanzar de la mano
de los que saben hacer las cosas
de manera diferente
Tenemos pánico a la diferencia
a todo aquello que se sale de unos patrones
que por ser los de la mayoría
los hacemos sentencia
Nos creemos que la nuestra
es la única manera
de ver el mundo
de acercarse a una realidad
que deberíamos comprender
como única
para cada uno de los individuos
que la percibe
Y desde el respeto
hacia esa diferencia
encontraríamos lo que realmente nos une:
el amor
Porque desde el amor
todos somos lo mismo
todos somos todo
todos somos uno
todos somos Dios
Aunque nos hayamos quedado sin profetas
que nos lo recuerden
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