Siento el miedo de una mente que ve como se aleja de sus iguales. El miedo a acabar cerca de eso que llaman loco. De eso que ya me llaman. Dudo del camino cuando intento codificar mi amor en palabras y este no es entendido. Me planteo si será culpa de la inefabilidad, de las palabras o si será culpa mía.
Ella se encuentra a la distancia suficiente para que ningún sensato se atreviera a rozarla. Será cosa de que ellos solamente saben hablar en kilómetros, porque:
Yo amanezco cada día
acariciándole el pelo
antes de besarle la mejilla
Le preparo el desayuno
para empezar la mañana
enamorándonos del mar
mientras sentimos el calor del sol
al sujetar la taza entre las manos
Nos duchamos juntos
para ahorrarnos
el agua caliente
y nos sentamos a besarnos
mientras nos secamos
para así mojarnos
por dentro
Por mucho que cruzamos la puerta no conseguimos salir de casa,
porque sentirnos cerca es lo más hogareño que existe.
Y así es como me paso el día, con ella susurrándome bajo el esternón
alimentando esa luz de amor que nos hace vivir
Porque echar de menos es la ausencia de sentimientos y los míos andan instalados a flor de piel
Entonces pasan cosas como esta. Pasa que mi corazón se siente cada vez más cerca de los vuestros. Pasa ella a fundirse con el amor que ya existía en mi interior. Entonces pasa el amor y se me pasan los miedos.
Me olvido del sufrimiento de intentar explicarme con palabras. Me permito sentir, sentirme. Y sentirla en mi interior a cada instante. Acepto dudas transformándolas en semillas deseosas por saltar de nuestras mentes al vacío de nuestros corazones. Deseosas por florecer.
Florecernos es el camino para vivir aquello de volar a cuatro manos con dos de ellas entrelazadas. Que es la manera más dulce de tocar el cielo. Y así es como nos veo cada vez que cierro los ojos.
Recibir flores por correo
y entre poesía
puede ser motivo suficiente
para ser feliz
durante toda una vida
Sobretodo cuando la primera carta
que recibo en esto
que empiezo a llamar hogar
viene rebosante de amor,
y desde la única cama
de la que desearía no salir
hasta haber bajado el cielo
entre extremidades
y habernos secado
sudores y humedades
acariciándonos con nubes
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