Supongo que necesitar engañar a los niños con seres magníficos aportando
materialismo para llegar a ilusionarlos, es una muestra más de dónde
llegaron nuestros valores. Creéis que vuestra dicha viene provocada por las
personas sin ver que es cosa del acto. De la naturaleza propia del amor.
Supongo que por eso siempre he dicho de mí que sería capaz de
enamorarme hasta de una piedra o incluso en un desierto como diría García, y el tantra nos dice que miremos a esa piedra y
la hagamos persona, y nos hagamos dichosos disfrutando de buscar la manera de darle lo más bonito, sin pensar en como aprovecharnos de ella. Supongo que hipnotizarme siempre de la misma
primavera muerta, habla mucho de mi amor hacia esa rosa con espinas. Que
verla alargando la lengua ante la mínima muestra de atención siempre es
más fantasioso que cualquier otro trasero desenfrenado. La luna nos
habló de hojas de arce y nos recordó cómo empezó la sinceridad a
distancia en nuestras vidas. Pero una luz cáncer siempre será la debilidad
de aquellos con una sensibilidad acentuada.
Te diría que me consumieras antes de que se consuman mis
ganas de estar quieto. Y sería otra forma más de engañarnos. Prometo caer a los pies
de mi melancolía tantas veces como las que prefiera tocarme solo antes de que
me toquen sin pretender descubrirme primero. Por eso ando por los
suelos de un pasado de aventuras sin un par de huevos encima de la mesa y
siempre por mi parte. Mírame la espalda: me pesa más todo aquello que ensucié yo mismo y
no quise desterrar, que lo de mis antepasados desterrados. Porque
intentar romper linajes es más fácil que romper vínculos que
pretendieron ser locura (por suerte transitoria). O eso pensaba hasta
que volvió a ser el centro de un universo que decidió pararse por sus
ganas de dolerme. Por mi perseverancia a la tortura. Que el alcohol
siempre ha hecho más agresivas mis pretensiones, sobretodo las pocas
sexuales que me quedan. Pero quedan demasiado lejos las escenificaciones
de la ira entre unas piernas y de la penetración múltiple. Tan lejos
como cerca andan las ganas de salir volando con quien me recordó que la
luna es capaz de ser tan bonita como los ojos que la miraban mientras me
lo decía.
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